6 Formas en las que Corea modificó radicalmente mi vida diaria

En septiembre del 2015 me fui a Corea y estuve 6 meses estudiando coreano en la Universidad de Seúl. Irte a estudiar, aunque sea por un corto tiempo, hace que te hagas amigos, tengas lugares favoritos e incluso ciertas rutinas.

Obvio que cuando estás en otro lugar tienes que adaptarte, pero hay cosas que se quedaron conmigo a pesar de que ya paso más de un año desde que volví. Es decir, realmente son parte de mi vida ahora. Esta semana, me estuvieron preguntando cosas de Corea y me quedé pensando en esto, así que quise compartirlo.

1. Me hice adicta a la comida picante

Cuando digo que me hice adicta es en serio. Antes me gustaba la michelada con merkén o un poco más…pero ahora, cuando paso muchos días sin comer picante me empieza a dar ansiedad. Me imagino que es como se deben sentir los fumadores (?).

¿Alguna vez que fueron a comerse un churrasco, confundieron el ají con el ketchup y se les pasó la mano? Ya, ahora me da lo mismo confundirme porque puedo llenar el pan con ají. Y no es que me haya desensibilizado por completo, no señor. Si pica mucho termino sudando, pero me llega un relajo inexplicable al terminar la comida. ¿Será así como se sienten los adictos al ejercicio? (ojalá haber sido de ese team).

 

2. Me acomoda usar faldas cortas…y no me acomoda tanto el escote

No es que las coreanas sean más pacatas, es que lo que culturalmente aceptado como “mostrable” es diferente. Entonces, andan con unas faldas muy cortas, pero jamás de los jamases mostrando escote. Anécdota: una vez estaba usando un sweater oversize enorme, se me bajo de un hombro y mis compañeras de curso me avisaron para que me tapara.

Al principio pensé “ay, yo me voy a vestir a la mía”, pero al par de meses encontré que me gustaba harto este equilibro entre una falda/vestido muy corto, pero con algo más tapado arriba. Así que ahora lo sigo haciendo (no tanto para el trabajo porque dresscode) pero en mi vida diaria me siento muy cómoda usando faldas o vestidos “mini” siempre y cuando no ande trayendo escote (siempre equilibrio!).

3. Ya no le pongo ningún tipo de endulzante a al café/té

La verdad el azúcar en sí la había dejado de lado en las bebidas de este tipo, pero seguía con la sacarina y otros. En las cafeterías en Corea, para endulzar, había una especie de jarabe transparente y nunca fue lo mío.

Así que simplemente deje de tratar de endulzar las cosas. Ahora no pongo nada, ni en mi casa, y la gente me mira un poco extrañada porque digo que tomo café “sin nada”. No se si sirva de mucho, pero esperemos que la disminución en el consumo de azúcar sea buena para mi salud (?).

Nom nom nom

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4. Ahora de verdad me cuido la piel

Siempre me ha gustado el maquillaje, pero la parte del skincare la encontraba un poco fome. Entendía su utilidad, pero viniendo de una adolescencia con problemas de acné que nada parecía solucionar, había perdido la fe.

Estando allá, las tiendas de maquillaje tienen una variedad tan pero tan amplia de productos de cuidado para la piel que me entró la curiosidad. Investigué, aprendí y ahora tengo pasoS (sí, con S) de limpieza facial, rutinas diarias y rutinas semanales. Si les interesa, pueden leer acá una entrada, en la que hablo específicamente de esto.

Creo que si la yo del pasado, que era capaz de dormir sin sacarse el maquillaje, supiera de esto, no lo creería.

 

5. Almorzar con bebidas o jugo se me hace extraño

Primero, en todas partes hay maquinas de agua. De esas maquinas que tienen una salida de agua caliente y otra de agua fría. Y por todas partes me refiero de verdad a todas partes.

Así que en el casino de la universidad o en los locales de comida a los que íbamos regularmente, obvio que también había. Un vaso de agua era lo normal para acompañar las comidas. Y pucha, me acostumbré po. Yo era super anti-agua, pero ahora, siento que todos los otros líquidos saborizados son demasiado “pesados” para las comidas. No se como explicar ese sentimiento.

Almuerzo de hoy: iced noddles. Venia con trozos de hielo :0

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6. Me reencontre con el pop chileno

Obvio que escuchaba pop chileno cuando vivía en acá e iba a algunas tocatas o conciertos, pero estando allá me llegó de una manera completamente diferente.

Escuchar Javiera Mena, Alex Andwanter o Fakuta mientras iba en el metro cruzando el Río Han era una experiencia casi surreal. Probablemente le daban un aura de familiaridad a todo lo desconocido que me rodeaba: librerías hermosas en donde no podía leer el 90% de los libros, paseos por calles que me eran confusas o idas al supermercado con verduras desconocidas. Si alguien los conoce, díganles que los tkm.

El Rio Han semi congelado

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Como conclusión, les puedo contar que de verdad que soy una agradecida al universo por haber podido estar allá y tengo super claro lo afortunada que fui.

Y ehm…perdonen un poco las fotos, pero en ese tiempo cachaba nada de nada jeje.

 

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